Por Julio Conesa
Enlazando con el escrito que os subí al blog el otro día, “Moral y ética de clase en los representantes sindicales”, debo comentaros que me resultó muy pertinente asistir a la asamblea de CCOO PV en el teatro Olimpia de Valencia, en la que intervino Unai Sordo, Srio. Gral. de CCOO, en el marco de la campaña estatal con el lema: “Salarios, Techo y Tiempo”.
Unai fue muy claro no solo explicando todos los avances sociales que se han alcanzado en los años de gobierno de coalición progresista, sino también dónde situar las causas de por qué las mejoras de todo tipo no llegan a reflejarse en el día a día de la gente trabajadora.
Explicó claramente que vivimos una época en la que las antiguas seguridades se han visto cuestionadas; por ejemplo: quién manda en casa, quién pone orden en la sociedad, quién transmite seguridad de futuro a la gente o la inseguridad que genera el cuestionamiento del patriarcado y del predominio del hombre, sobre todo entre los hombres jóvenes que ven en el avance de los derechos de las mujeres una pérdida de privilegios.
Y explicó que, frente a todo ello, el sindicato debe dar seguridad. Seguridad en la negociación de las condiciones de trabajo, en reforzar la solidaridad entre las personas trabajadoras en pos del bien común, explicando a la gente que todo en la sociedad debe ir en beneficio de la mayoría social: los trabajadores y las trabajadoras. Reforzar la conciencia común de que nuestros intereses son intereses de clase, disputando al capital, incluso políticamente, el funcionamiento económico de este país en beneficio de la mayoría social.
Que las grandes conquistas obreras deben respetarse y deben defenderse profundizando en derechos, oponiéndose resueltamente a la pérdida de ese enorme patrimonio. Nos recordó que ninguno de nosotros y nosotras podría afrontar una enfermedad grave sin una sanidad pública de calidad, ni los estudios de nuestros hijos e hijas sin una educación pública de calidad, ni tantos derechos conquistados sin el soporte de los servicios públicos.
Y todo ello exige tomar conciencia colectiva. Implica cuestionar el coste de la vida y exigir incrementos salariales mayores; cuestionar el reparto de riqueza que, en este momento, solo beneficia al capital y disputar ese reparto en favor de los trabajadores y trabajadoras.
Las condiciones laborales que deben negociarse han de tener como referencia la necesidad de cuestionar la organización del tiempo de trabajo, la conciliación del tiempo personal, familiar y laboral, así como las circunstancias psicosociales de las personas trabajadoras, promoviendo las mejoras necesarias del clima laboral en empresas y servicios públicos.
Y la vivienda aparece como el factor que, en este momento, está perjudicando de manera central la mejora de las condiciones de vida de la gente, puesto que los incrementos salariales que se consiguen por convenio pierden valor en cuanto se producen reajustes en alquileres o hipotecas. Esto debe ser un elemento de referencia importante en nuestra lucha como sindicalistas, como trabajadores y trabajadoras, en beneficio del conjunto de la clase.
De toda la intervención, del análisis y de las propuestas de trabajo para los tiempos inmediatos, yo extraje una idea que es, como siempre ha sido, esencial: el sindicato es una herramienta de las trabajadoras y los trabajadores. Su sentido esencial es la negociación colectiva, la disputa en favor de la mayoría social y de la clase trabajadora de la distribución de la riqueza que generamos y que hoy se apropia el capital. Y eso hay que hacerlo con organización, con músculo estructurado de participación y compromiso.
Y aquí es donde vuelvo al texto que subí hace unos días al blog y que os comentaba al principio.
Es necesario tomar conciencia de que es imprescindible recuperar un funcionamiento colectivo, participativo y transparente entre las afiliadas y afiliados en cada centro de trabajo.
Las delegadas y delegados, por separado y sin un trabajo conjunto con la afiliación en el centro de trabajo, no podemos avanzar en todo lo analizado. Garantizar la vida colectiva de las secciones sindicales, tomar acuerdos en común, analizar los problemas y diseñar los planes de actuación de forma colectiva en cada centro de trabajo —y más aún en cada centro de la Local, que en muchos aspectos tiene características propias y, en ocasiones, diferentes— es urgente.
Debemos organizarnos para dar respuesta desde el propio centro, desde la propia sección sindical, sin esperar que vengan de fuera a negociar o a hacernos el trabajo, puesto que eso solo genera dispersión de fuerzas, no compromete, no promociona la unidad ni la conciencia colectiva, y tampoco constituye un verdadero trabajo en común. Nosotros y nosotras, en cada centro de trabajo, debemos ser CCOO organizado, decidiendo en común las reivindicaciones, cómo llegamos y hacemos participar a la gente, cómo organizamos el trabajo y la negociación con los responsables políticos.
Es una exigencia moral y ética de clase asumir ese compromiso, defender y consolidar lo conseguido y seguir avanzando hacia una sociedad en la que, como clase social, podamos conquistar las mayores cotas de progreso en beneficio de la mayoría social.





