domingo, 28 de noviembre de 2021

Las viejas políticas.


 Por Julio Conesa


Los tiempos que siguieron al 15M fueron ilusionantes por cuanto suponía una bocanada de aire fresco en el sistema y la esperanza de poder acceder a las instituciones de aquellos que procediendo de “las plazas” parecían condenados a no poder llegar a esos niveles de responsabilidad.


También tuvo un efecto evidente en los partidos tradicionales que se vieron obligados a mover ficha, a captar la corriente de renovación inaugurada para no quedar atrás. Así, caras nuevas empezaron a despuntar, mayor presencia de mujeres, incluso aparcando las chaquetas y saliendo a la arena en mangas de camisa.


Después, vinieron las elecciones, nacionales, municipales, autonómicas…cayó el bipartidismo, dicen que para no volver (veremos).


Pero lo cierto es que los cambios requieren de más tiempo para que se produzcan en profundidad y sólo así pueden imbricar en la sociedad, hacerse duraderos. Mientras tanto las fuerzas que aborrecen la modificación del “estatus quo” no han dejado de acechar constantemente en su obsesión por que las cosas vuelvan al cauce que les ha sido siempre favorable. No pueden tolerar por mucho tiempo que esta colada consolide una nueva fajana de realidad.


La resistencia al bipartidismo es más que evidente en la izquierda, no así en la derecha donde observamos claramente un proceso de reducción del espacio a dos actores principales con vistas a una integración de facto mas pronto que tarde, aunque mantengan ciertas apariencias diferenciadoras.


¿Que hemos observado en el ámbito municipal? Que el impulso inicial que representaron los llamados “ayuntamientos del cambio” se fue diluyendo (salvo alguna excepción) en el segundo proceso electoral municipal tras el 15M.


Y aunque de entrada siguió trasladándose la idea de que los políticos nuevos traerían nuevas políticas, lo cierto es que las aguas fueron retornando a los cauces establecidos, y así, la recuperación de mayorías absolutas, por ejemplo, sacó a flote aquello que alguien pensó ya desterrado.


En el ámbito municipal no llegó nunca a cuajar (en términos generales) un cambio profundo, al menos en lo que supone la política en materia de personal, gestión del gobierno interior, funcionamiento administrativo, relaciones entre el poder político y la representación legal de las trabajadoras y trabajadores municipales.


Si durante años tuvieron que ser los tribunales los que mediaran, obligando a cumplir las normas en materia de negociación, pues ahora más de lo mismo.


La judicialización de las relaciones laborales en el ámbito de las entidades locales es desde siempre el cauce normal de solución al “no entendimiento”. La vieja y obsesiva política de no reconocer las obligaciones que conlleva la negociación colectiva y la buena fe en el proceso, siguen siendo el mayor obstáculo para que entre, con pleno derecho, la democracia laboral en los ayuntamientos.


Supongo que los partidos y organizaciones política forman a sus representantes en las administraciones en aquellas materias que han de gestionar: urbanismo, medioambiente, seguridad…. Pero parece evidente que ni antes, ni ahora, los tiempos inaugurados por el 15M han supuesto una inflexión, un cambio de modelo en el trato, unas relaciones laborales como exige una democracia plena en los ayuntamientos: respeto por los derechos y reconocimiento de la contraparte como un igual con el que hay que alcanzar acuerdos en interés del funcionamiento, eficacia y eficiencia de los servicios a la ciudadanía.

viernes, 5 de noviembre de 2021

¡Que calaña!

 


Por Julio Conesa.


En ocasiones uno se entera de sucesos que pensaba sólo fruto de la imaginación o de algún argumento de película, pero no, va y resulta que es pura verdad, como aquello que en ocasiones ve en la gran pantalla y le hace reflexionar.


Hace unos días me encontré con una compañera, delegada de personal del ayuntamiento de Burjassot y profesora de fotografía en la Casa de la Cultura, que me traslado malas noticias. Había solicitado la extinción de su relación laboral con el ayuntamiento. Y la razón era el cambio sustancial que habían impuesto de manera unilateral en sus condiciones de trabajo, convirtiéndolo en un puesto de trabajo irrelevante, casi en anecdótico.


Ya había recogido su finiquito. Me quedé sorprendido. Con la que está cayendo, ¿quién se marcha y ya está? 


Me explicó cómo había acabado el acoso y derribo que llevaba sufriendo desde junio del 2020, que le modificaron los horarios imponiéndole los cambios con decisiones unilaterales de manera sucesiva durante más de un año; que se había producido a pesar de su condición de delegada de personal, o tal vez por esta razón. 


Decisiones como la comunicación verbal de su despido en junio del 2020 que finalmente no se formaliza; no llamarla a que se incorporara en su puesto de trabajo para el curso 2020-2021, sin previo aviso ni informe técnico alguno que lo avalase y que suponía un agravio comparativo en relación al resto de cursos municipales que sí se estaban llevando a cabo en aulas del consistorio, con la excusa de la pandemia, por lo que se paso un año sin empleo ni sueldo y solo lo hicieron con los cursos de cultura y no con el resto de propuestas educativas municipales desarrolladas también en aulas municipales...  hasta la eliminación sin previo aviso ni consulta del actual proyecto docente. Proyecto sustituido por unos cursos con unas nomenclaturas genéricas, e incluso con cursos que no se correspondían con su profesión y ocupaban casi la mitad de su jornada laboral; cursos, todos ellos, carentes de contenidos y que eliminaban la posibilidad de continuidad del alumnado.


De todo el proyecto docente, solamente dejaron medio vivo un curso, y ni tan siquiera lo dotaron de las herramientas necesarias para poder impartirlo correctamente. Con una previsible disminución de matriculas que, además, cerraron drásticamente, algo inédito hasta el momento. 


Me contaba que había llegado hasta donde ha sido posible, pero que su salud física y emocional se está resintiendo mucho y que tras 20 años de servicio no podía aguantar más porque, sencillamente -no puedo más y no me han dejado ninguna otra alternativa-


Le pregunté por los motivos de toda aquella política y me dijo que no lo sabía, que no entendía nada. Como a estos políticos del ayuntamiento les podía importa tan poco la cultura y el trabajo de la gente para ir cargándose sibilinamente todo un proyecto de cursos, pero menos aún la forma y saña con la que lo habían hecho.


Yo pensé que sí. Que en ocasiones hay políticos que usan las malas artes para quitarse de encima a quienes molestan como empresarios decimonónicos, amos y señores del destino de las personas. Pero eso sí, con métodos que aparenten normalidad justificada. 


Me dijo que lamentaba profundamente el haberse quedado sin el trabajo con el que tanto disfrutaba, con una indemnización pequeña en relación incluso al despido objetivo, sin derecho a paro y, debido a la disminución de la jornada impuesta, con un subsidio totalmente ridículo. Pero que no aguantaba más. Y que lamentaba no seguir al lado se sus compañeros y compañeras, con el personal docente del ayuntamiento al que, por cierto, siguen vapuleando.


Me quedé reconcomiéndome por dentro, animándola, y convencido que la lucha sindical no es sólo por mejoras laborales, sino contra estas malas prácticas, contra esta calaña.



Mi artículo fue publicado en Levante de l'Horta el 6/11/2021, y en mi blog "PRAXIS LOCAL" 


Sugiero que denuncies todos los casos semejantes. Hay que acabar con esta calaña!


* Enviar los mensajes a denunciarhastaqueseacabe@gmail.com.


* Centro de trabajo.

* Persona o personas afectadas.

* Cargo del responsable político de los hechos.

* Actuaciones realizadas para resolver o paliar la situación.

* Situación actual.

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